
11 de agosto de 2009
Y esa pluma se escurre entre el viento y la tempestad, en su caída hace un paréntesis entre puntos suspensivos, comas y corchetes para volar en sueños contagiados de un pasado infructuoso, que en ocasiones, que por casualidad o por un sentimiento de autoflagelación lo recuerda en tiempos de borrasca, cuando el firmamento azul se convierte en un gran mato grisáceo para así hacer la caída más dulce y teatral.
Y la pluma sabe que es temporal, que esa batalla con el medio ambiente y sus recuerdos son avatares de su vida misma; Para así y solo así convertirse en una pluma merecedora de una gran ave rapaz.
La pluma como un forajido del oeste a descansado en grandes campos de abundancia sin sentirse satisfecha con el destino que el viento ha elegido para ella y en otras ocasiones a aterrizado en descampados de amor donde los poemas huelen a mierda; Si ahí donde ni siquiera puede germinar una ortiga, porque hay sitios donde el sol no calienta de la misma forma que en otras, sobre todo a los que no pertenecen al rebaño.
Y a ella no le importa si hay sol o luna llena solo quiere que la tormenta huracanada la arranque del suelo y cambiar de tinglado… Ella busca esa ave que llene esa parte que le hace falta, un lugar adecuado, un territorio en sus alas en donde ala y ave sean una misma, ahí donde en cada aletazo de la vida sea un baile, una conspiración, una inspiración y una burla a los que pierden la esperanza, a esas plumas que se sienten derrotadas por las caídas en espiral.
Y la pluma se deja llevar esperado sin motivo alguno su destino final al que la llevaran los vientos huracanados del sur...
A merced del viento esta.
Y cuando la calma llega cae en una abandonada carretera rural, abre los ojos y ve a una gran águila imperial que se detiene frente a ella y sin mediar palabras la coge y se la coloca en su ala izquierda.
Ella no siente más que alegría por estar ahí, era más de lo que había soñado.
Y la águila imperial se posa en un gran arbusto de esa noche clara después de la tormenta. Solo para contemplar en silencio junto con su nueva pluma la calma después de la tormenta.
"Y el pluma se siente como la vida misma".
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